Modo día

Con el jaleo que a las redes sociales ha traído últimamente el polémico tema de la exhumacion de Franco, mi primer pensamiento al abrir Twitter esta mañana y encontrarme a Garzón como Trending Topic ha sido imaginarme qué disparatada declaración podría haber hecho saltar a los usuarios de la aplicación.

Pero el diputado no estaba para polémicas proclamaciones, ya que disfrutaba con su pareja de unas vacaciones en la Costa del Sol, las cuales fueron sin embargo enturbiadas en la noche de ayer por un joven que, con el juicio algo nublado por el alcohol, increpó e intentó agredir a ambos.

Lo que no me ha sorprendido ha sido el hecho de que el número de interacciones que habían llevado a Garzón a situarse entre los temas más hablados del momento no eran precisamente condenas al suceso.

Y es que, aunque la opinión generalizada parece ser siempre que las discrepancias políticas nunca pueden intentar ser solventadas mediante la violencia, no faltan “peros” dependiendo de los involucrados.

El problema radica, como en cualquier controversia en estos tiempos, en la doble vara de medir y en cómo percibimos la gravedad de la situación según la afectación que a cada cual le provoca. De esta manera, surgen todos aquellos que señalan a los partidos de ideología similar al agresor como los principales culpables por inculcar políticas de odio. Populistas, demagogos, o simplemente personas con poca memoria y bastante rencor, ladran enfurecidos que “cuando le sucedió a aquel otro cargo no hubo tanto escándalo”, y los que ahora ven el último acontecimiento un asalto a los valores democráticos, replican que aquello fue una chiquillada, o una pelea de bar. Y a la siguiente, cambiarán las tornas.

Pero seamos sinceros, la democracia no se derrumba por una agresión aislada, pero se tambalea cuando no somos capaces de entender que todo tipo de violencia merece una condena clara y cuando no nos mostramos tajantes ante la necesidad de acabar con la imposición de ideas mediante la brutalidad.

El respeto, hoy y una vez más, resulta el verdadero atacado.

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