Modo día

Siendo sincero, un servidor, ha sido el primero en tener dudas de si el proyecto de Ciudadanos, era el mejor para España. Los aparentes bandazos,-hay que ser sinceros-, las estrategias mal medidas que derivaron en tortuosos silencios que impidieron dar el sorpasso al Partido Popular... Un cumulo de circunstancias, que casi me hacen renegar de las siglas que he defendido, y defiendo. Y digo que las continúo protegiendo, porque cada día que pasa, mis dudas se disipan, y me queda más claro que nunca, el hecho de que Cs, es la mejor opción para tener una España mejor, una nación tolerante en la que no queman las intransigencias del nacionalismo o los pufos de la corrupción.

Cuando Albert Rivera decidió que Ciudadanos debía abandonar su zona de confort en Cataluña y dar el salto a la política nacional, lo hizo porque tenía un presentimiento que con el paso del tiempo se ha hecho realidad. Corazonada, temor a que los mismos que habían dividido Cataluña, fragmentaran a los españoles. Aquellos que convocaron el referéndum, declararon la independencia, y robaron a manos llenas a todos los catalanes que ahora les vitorean, están en el centro de la política nacional, tomando decisiones de ámbito supraregional, y derrocando a un Presidente que no era de su agrado para colocar, mediante una moción de censura,-recuerden que los secesionistas apoyaron en masa a Pedro Sánchez-, a otro más manejable y bonachón con el rupturismo. Ni en sus mejores sueños, habrían imaginado los nacionalistas, que, cuando se inauguró la democracia en 1977, iban a decidir ejecutivos, aprobar presupuestos o a coaccionar a nuestros líderes para su propio beneficio. La fortaleza de nuestro Estado estaba, y esta todavía, en entredicho, debido a que los que ansían destruir su integridad, no dejan de recibir prestaciones de ese mismo país al que sueñan con desmembrar.

De estos, de los que no cesan en su empeño de acabar con nuestra nación, sabe mucho Albert Rivera. El líder de Ciudadanos, vivió durante diez años, los acosos,- a él y a su familia, la cual los sigue soportando-, y amenazas de estos que van con piel de demócratas mientras en su interior ocultan una oscura y fanática figura, que desprecia a todo aquel que no comparte sus tesis. Él, en primera persona, conoce de sobra el peligro que supone el nacionalismo, una ideología, que con el tiempo, nos hemos acostumbrado a ella, blanqueándola y domesticandola como si no supusiera un peligro para la integridad de la democracia. ¿Acaso no se acuerdan del nazismo, ese nacionalismo alemán, que utilizó los mecanismos democráticos para convertir a Alemania en una dictadura? ¿O del régimen de Franco, aquel despotismo que trajo miles de muertos y represión a nuestro país y al que tanto recuerda Sánchez? Porque en palabras de Arturo Pérez-Reverte: “Leyendo Historia se aprende que, a corto o largo plazo, sean del color que sean, todos los nacionalismos tienen muchas fosas en común”. Ese supremacismo, al que algunos les produce miedo en la figura de Santiago Abascal, pero que lo trivializan en la persona de Quim Torra, un iluminado que insinuó que los españoles eramos bestias taradas, o en la de Sabino Arana,fundador del Partido Nacionalista Vasco (PNV), que estaba convencido de que los vascos tenían una genética superior a la del resto de españoles.

Los verdaderos demócratas,-y subrayo lo de auténticos porque por mucho que el PSOE pretenda hacernos creer que Pedro Sánchez es un hombre de Estado que repudia a los nacionalistas, los pactos con los secesionistas vascos en Navarra y con los independentistas catalanes en ayuntamientos de Cataluña o en la Diputación de Barcelona dicen lo contrario-, estamos llamados a combatir al nacionalismo, no a aliarnos con él, como han hecho los socialistas y el Partido Popular,-recuerden que José María Aznar fue Presidente del Gobierno gracias al apoyo de las siglas de Pujol mediante el pacto del Majestic o que Javier Maroto se jactaba de pactar con Bildu-. Un supremacismo, que solo podemos combatir, con un partido que no le deba nada al nacionalismo. Ni favores, ni presupuestos, ni concesiones…Porque si Podemos no le debe nada a los bancos ni a los poderosos, Ciudadanos no tiene ninguna deuda con los que quieren romper España. Ese es el mayor problema que tiene nuestro país, el riesgo real de que se rompa, el peligro de que el mismo veneno que sentenció a la democracia en Alemania en 1933 y que esta intentando hacer lo propio ahora en Italia mediante Matteo Salvini, destruya nuestro sistema.

1 COMENTARIO

  1. Los nacionalismos sólo han traído guerras y mucho malestar en nuestra reciente Historia europea. Considero, al igual que el autor del artículo, que es una preferencia la unidad territorial, la salvaguarda de la nación más antigua de Europa. Una vez preservada la unidad, una vez conseguido esto, lo cual llevará años de pacificación y educación serena y perseverante, el resto vendrá por añadidura, pues España es un extraordinario país y una gran nación.

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