Cuando un lector se avalanza sobre una nueva lectura se produce un rito sagrado que no es m√°s que el desenlace de una cuidadosa elecci√≥n previa. El ser humano, como animal de costumbres que es, puede llegar hasta la novela, el poemario o el ensayo de m√ļltiples maneras: puede ser el tomo que un amigo lleva recomendando durante meses, soltando pinceladas sobre la trama o sobre el motivo por el que piensa que es una lectura id√≥nea para ti; puede ser la √ļltima obra de alg√ļn autor de renombre, ganador de alg√ļn premio o no, que esperas con entusiasmo desde hace alg√ļn tiempo; o, simplemente, puede que sea una presa adquirida en la librer√≠a de turno, elegida al azar por los llamativos colores de la portada o porque hace tiempo que deber√≠as haber le√≠do algo de ese autor en concreto.

Este √ļltimo caso fue la raz√≥n por la que un suculento tomo de segunda mano de Italo Calvino lleg√≥ a mis manos: Si una noche de invierno un viajero. Lo reconozco, nunca hab√≠a le√≠do nada del genio cubano; un error por mi parte que qued√≥ de manifiesto en cuanto devor√© con fruici√≥n las primeras p√°ginas de la novela que lleg√≥ a m√≠ por casualidad, como dice la canci√≥n. Es de ese tipo de obras que no tienen un inicio sobrecogedor y √©pico, como las creaciones de Clar√≠n, Sabato o Nabokov, pero, sin embargo, te atrapa desde la primera l√≠nea, como las series en los que en el primer cap√≠tulo muere en extra√Īas circunstancias el actor que se postulaba como protagonista. Hab√≠a que seguir, no quedaba m√°s remedio.

En el pr√≥logo ya llega el primer directo a la mand√≠bula, Calvino se dirige al lector directamente hablando de la nueva novela como si estuviera en una entrevista o en un acto promocional de la propia novela. Al garete el horizonte de expectativas, medio siglo de sociolog√≠a literaria, Luk√°cs, Umberto Eco y el estructuralismo. Si una noche de invierno un viajero no es una novela al uso, no; es una mu√Īeca rusa de nombre impronunciable, donde cada cap√≠tulo cobra vida por s√≠ mismo, desglos√°ndose en dos planos: el primero implica al yo lector y al yo lector ficcional, es decir, al personaje que ha comprado la novela de Calvino y se sorprende al ver que por un fallo de impresi√≥n el tomo s√≥lo contiene el primer cap√≠tulo; el segundo plano son los cap√≠tulos propiamente dichos, sin ligaz√≥n aparente entre ellos, que el lector ficticio va hallando de manera casi accidental durante la b√ļsqueda de la novela que pretend√≠a leer en un principio que, a su vez, es la que nosotros tenemos entre manos.

Es un l√≠o, ¬Ņverdad? Por suerte la maestr√≠a de Italo Calvino para representar sus ideas, por muy descabelladas que sean, en novelas de incalculable valor literario es mucho mayor que la m√≠a para reflejar lo que he experimentado al leerlas. De ese modo, entre los cap√≠tulos que aparentemente forman parte de una novela fragmentada y la b√ļsqueda del protagonista/lector de encontrar sentido en todo ese sinraz√≥n, nos encontramos con una hidra de innumerables cabezas, que s√≥lo al final de la traves√≠a se rendir√° para arrojar un poco de luz a la cuesti√≥n. Calvino exprime las capacidades del lector real en una novela no apta para aquellos que buscan la pasividad y la desconexi√≥n en el rito literario, sino que va dirigido a los amantes de las rayuelas y a los borgianos, que se erige, este √ļltimo, como el gran maestro del cubano, siendo reverenciado en cada uno de los episodios de la novela.

Por supuesto, la novela incluye ese toque rom√°ntico que necesita cada historia para ser plena. El protagonista se ve inmerso en una red de falsificaciones y ap√≥crifos que lo ha pillado desprevenido, simplemente por comprar una novela inacabada y pecar de curiosidad. Es ella, la otra lectora, la que activa toda la trama. O en otras palabras: es el ensimismamiento del lector al ver a Ludmilla de pie en una librer√≠a con el mismo tomo que √©l entre sus manos lo que lo anima a salir de la rutina y embarcarse en una historia con la que no habr√≠a so√Īado aquella ma√Īana al despertarse. Italo Calvino es consciente de que el punto de partida de una novela tan especial y at√≠pica debe conectar de alguna manera con el lector apenas en las primeras p√°ginas, de ah√≠ nace Ludmilla, porque ¬Ņqui√©n no se ha fijado en la persona que tiene entre sus manos un libro que ya hemos le√≠do y del que guardamos un precioso recuerdo?¬†

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