Hay ya muchas voces de alarma, y todas intentan ir al unísono. Estudios desde diversas áreas científicas nos están dando el mismo aviso: nuestro paso por el planeta Tierra está siendo devastador. Que ya basta. Que debemos tomar conciencia y hacer algo de manera urgente. Y mientras seguimos pensando, como ciudadanos, en qué soluciones podemos aportar y en cómo implementarlas, cada vez cobran más fuerza algunas teorías desesperanzadoras. Como la del Antropoceno: una época geológica en la que los cambios medioambientales ya no dependen en gran medida de las fuerzas naturales, sino de la acción humana.

Supondría aceptar que la humanidad le ha ganado la batalla a la naturaleza en una lucha en la que todos hemos salido perdiendo.

Con este mensaje, los cineastas canadienses Jennifer Baichwal y Nicholas de Pencier, junto con el fot√≥grafo tambi√©n canadiense Edward Burtynsky, emprendieron el proyecto art√≠stico colaborativo The Anthropocene Project. El resultado es un documental, unas exposiciones art√≠sticas y un libro, accesibles para el p√ļblico desde finales de septiembre de 2018.

P√°gina web del proyecto.

Ya nos lo estaban contando

Ellos no son los primeros creadores en acercar la conciencia medioambiental al espectador. Documentales de alto impacto como The True Cost (2015), Terra (2015) o Before the Flood (2016) ya nos abrieron los ojos ante la inmensidad de la huella humana. Incluso películas animadas como Wall·E (2008) ofrecían un futuro distópico que cada vez podemos sentir menos disparatado.

El best seller de Yuval Noah Harari, Sapiens. De animales a dioses (2015), o los ensayos No Logo (2000) y Esto lo cambia todo. El capitalismo contra el clima (2015) de Naomi Klein, suponen también buenos antecedentes a proyectos como este, transmitiendo a través de la cultura una perspectiva científica y reflexiva global.

El p√ļblico ya est√° sobre aviso. La ganader√≠a industrial, la moda r√°pida o el pl√°stico en el mar son los temas a menudo abordados por estas y otras producciones culturales para concienciarnos sobre las (catastr√≥ficas) consecuencias de nuestras decisiones como consumidores. Pero salir de la burbuja de comodidad del primer mundo no es tarea f√°cil.

La respuesta del artivismo

Necesitamos una comunicaci√≥n creativa que se imponga al discurso del mercado. Esta es una de las tareas principales del artivismo. Concebido como un nuevo modo de hacer arte comprometido con la realidad, el artivismo busca espacios discursivos no convencionales, como la ciudad o las nuevas tecnolog√≠as, con el objetivo de entablar una conversaci√≥n directa con el ciudadano. Se trata de hacerle ver qu√© hay detr√°s de lo que le est√°n contando, y de hacerle reflexionar sobre las alternativas. Porque como afirman Alado-Vico, Jivkova-Semova y Bailey, ‚Äúla fuerza del artivismo no radica simplemente en su vanguardia est√©tica, sino en su poder revulsivo para se√Īalar la injusticia, la desigualdad o el vac√≠o en el desarrollo humano‚ÄĚ.

No solamente el medio ambiente es objeto del artivismo, sino otras cuestiones relevantes como el género, la raza o las decisiones políticas. Un buen ejemplo de artivista contemporáneo es Banksy.

Obra de Banksy en el carguero Thekla (Bristol, Reino Unido) https://en.wikipedia.org/wiki/The_Thekla#/media/File:Banksy.on.the.thekla.arp.jpg

Estas prácticas, por su carácter abierto, disruptivo e interactivo, no suelen provenir de las instituciones artísticas. Sin embargo, muchas iniciativas se han llevado a escala profesional. Esto les ha hecho perder la esencia democrática del artivismo pero (y para) ganar, en cambio, audiencias masivas.

Así nacieron las producciones contenidas en The Anthropocene Project.

¬ŅArte y ciencia? S√≠

El trabajo art√≠stico de los tres canadienses surge a ra√≠z de su colaboraci√≥n con el grupo de investigaci√≥n Anthropocene Working Group, de la Universidad de Leicester (Reino Unido). Los creadores le han dado voz desde el arte a una teor√≠a cient√≠fica demoledora que merec√≠a ser transmitida al gran p√ļblico. Del √°mbito de los congresos, revistas cient√≠ficas y reportajes de especializaci√≥n pasar√° a las pantallas de cine, a las librer√≠as y los museos.

La pieza central del proyecto es el documental The Anthropocene: The Human Epoch (2018):

Tr√°iler del documental Anthropocene: The Human Epoch (2018)

 

Lo cierto es que esta creación audiovisual no se puede considerar de manera aislada en el trabajo de Baichwal, Pencier y Burtynsky. Es el tercer documental de una serie orientada a anunciar el impacto humano sobre el planeta. Así pues, anteriormente ya lanzaron Manufactured Landscapes (2006) y Watermark (2013).

Junto al documental se publicará un libro que principalmente contiene las fotografías del artista visual Edward Burtynsky, quien ha consagrado su trabajo a retratar la transformación que los paisajes naturales han sufrido por mediación de manos humanas. En esta obra también se leerán textos de Margaret Atwood, la aclamada autora de la novela El Cuento de la Criada (1985).

Las fotograf√≠as de Burtynsky ser√°n adem√°s el material de exposiciones temporales que llegar√°n a Europa en 2019. Anthropocene Project culmina as√≠ un proyecto transmedia en el que destacar√° el uso de medios interactivos como la realidad aumentada, haciendo m√°s cercana la experiencia para el p√ļblico.

Nuestro papel

La industria cultural y los artistas comprometidos est√°n abriendo un camino activista de concienciaci√≥n ecol√≥gica. ¬ŅCu√°l es nuestro rol como p√ļblico? El auge de movimientos sociales como Fashion Revolution, Slow Fashion o Zero Waste indica que estos nuevos discursos est√°n funcionando, que se est√° gestando un cambio de mentalidad. Sumarnos o no depende de nuestro comportamiento como consumidores.

Somos el √ļltimo eslab√≥n de la cadena, pero, precisamente por ello, tambi√©n somos los que tenemos la capacidad de cambiar las cosas.

Elena Bellido-Pérez, Universidad de Sevilla y Gloria Jiménez-Marín, Universidad de Sevilla

The ConversationElena Bellido-Pérez, Personal Investigador en Formación, Universidad de Sevilla y Gloria Jiménez-Marín, Profesora de publicidad y RR.PP., Universidad de Sevilla

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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