Modo día

Ludwig Zamenhof era un muchachito cuando un militar ruso lo arrojó al suelo y lo golpeó por haber hablado en polaco en la actual Polonia. Entonces su inquieta cabecita maquinó que esa situación nefasta, la de la xenofobia y discriminación tanto humana como lingüística, la intolerencia a grupos de diferentes hablas, como si los sintagmas y acentos significaran algo en lo humano, debía terminar. Creó durante muchas horas un estudio sobre una lengua artificial que todo el mundo pudiera hablar de manera sencilla y neutral mientras estudiaba medicina, pero fracasó y su padre quemó esos papeles en nombre de la responsabilidad. Mientras ardían esos textos idealistas repletos de afijos, declinaciones y escrituras fonéticas Zamenhof comprendió cosas: que la incomprensión humana al prójimo podía ceder si cedía también la barrera lingüística y sus consiguientes prejuicios, y que su padre le había hecho un favor. No por ahorrarle el sufrimiento de constatar cuán importante es un buen puesto laboral gris, estable y serio frente a divertimentos espurios, sino por haber asesinado un primero modelo de lengua internacional complicado, rimbombante, harto complejo. El segundo modelo de lengua fue un hito en el pensamiento occidental, una mezcla de lógica matemática aplicada a lingüística diatópica y diacrónica con un pragmatismo utilitario (una búsqueda de sencillez inmediata, no vulgar, sino fresca, basada en el alemán y el francés, pero con ojos a las lenguas asiáticas y africanas). Nacía la lengua de los esperanzados, la lengua del que espera: el Esperanto.

Fotograma de ‘Inkubo’, una de las pocas películas completamente rodadas en Esperanto (macarrónico), interpretada por el que luego sería protagonista de Star Trek, William Shatner

Pero la historia de esta lengua no estaría recorrida por rosas, sino por sangre. Ha habido pocos movimientos culturales y sociales más odiados y perseguidos por el mundo. Hitler, Stalin, los Estados Unidos de la Guerra Fría o el franquismo son algunos de los que han censurado, burlado, masacrado y quemado el legado de este idioma arficial que suena como una mezcla de italiano y ruso (salvo para oyentes rusos e italianos). Su origen judío y su nexo con el sionismo y el anarquismo le granjearon durante décadas persecuciones crueles y exageradas para las pocas acciones y logros que sus colectivos conseguieron en los países donde se anclaron. En Rusia fueron primero ensalzados y luego perseguidos por el aparato stalinista y en Estados Unidos fueron utilizados los esperantistas como cebo para capturar marxistas en territorio yanqui, convirtiéndose de facto la asociación de Washington en un grupo dedicado en cuerpo y alma a perseguir enemigos del Estado. En España fueron básicamente anarquistas sus seguidores, aunque también comunistas, y fueron perseguidos por el franquismo como si fueran responsables de algún crimen: eran, para los fachas, parte de una conspiración judía masónica y su cultura una amenzada a la identidad nacional. China, paradójicamente, se convirtió en su baluearte mundial, único centro de tolerancia para los hijos de este primer idealismo de la bandera verde del movimiento (sin contar con Cuba o el Vaticano, otros bastiones de fomento de esta lengua).

 

Lidia Zamenhof, mano derecha de su padre, intelectual del siglo XX olvidada y principal valedora del ‘bahaismo’, religión sincrética contemporánea nacida en Irán. En los círculos esperantistas nacieron muchos de los primeros movimientos feministas y LGTB.

LISBOA

Ahora la capital portuguesa, que desde Eurovisión y la dirección de las Naciones Unidas parece el centro del mundo, acogerá el centésimotercer congreso mundial, una tradición apenas interrumpida en las Guerras Mundial y siempre alrededos del mundo, del 28 de julio al 4 de agosto. Además de esto, el 4 de agosto comenzará el Congreso Mundial Joven de Esperanto, que es como el anterior pero para personas jóvenes, y en esta ocasión se celebrará en Badajoz, Extremadura. Es una buena oportunidad para acercarse por tanto a una cultura cosmopolita y tolerante en nuestra Península Ibérica, disfrutando del verano mediterráneo.

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