Modo día

Hablaba yo hace unos días con Jorge Brugos, gran amigo, además de responsable de la sección de opinión de este medio y afiliado de Ciudadanos. La confianza que da la amistad, junto a notables diferencias de opinión en lo político hace de cada encuentro que tenemos un apasionado debate en el que abordamos todo el panorama político que nos permita aquel día nuestra agenda (pues, si dispusieramos de todo el día, lo pasaríamos debatiendo, sin llegar jamás a agotar los temas).

Una de las cosas que más le echo en cara a Jorge es su afinidad por Ciudadanos, que considero el más peligroso de los principales partidos políticos españoles. Este me dice que exagero, y quizá tenga razón, pero la repugnancia y la rabia que me provoca Ciudadanos es tal que no dudaría en repetir una y mil veces lo que acabo de escribir hace un par de líneas. En primer lugar, porque a día de hoy a pocos puede ya engañar Iglesias. Y, segundo, porque el podemismo, como suerte de socialismo que es, tiene líneas rojas. Si bien todos los grandes partidos, en mayor o menor medida, han claudicado ante el pensamiento único contemporáneo, el nuevo orden mundial, lo cierto es que tanto a la derecha como a la izquierda sigue habiendo resistencias (pocas, pero las hay). Fijémonos, por ejemplo, en la oposición firme de la izquierda a la llamada “gestación subrogada” (¡alquiler de vientres!). También una parte de la derecha, influenciada por el catolicismo, sigue manteniendo algunas líneas rojas, esto es, rechazando determinadas prácticas que considera inmorales. Lo hemos visto ahora con la victoria de Casado en las primarias de los populares.

Sólo Ciudadanos aboga por un liberalismo libre de ataduras. Ciertamente, este es también el pensamiento dominante en el resto de partidos, pero, como ya hemos visto, en aquellos existen aún reductos de socialismo a un lado y de conservadurismo a otro que impiden el apoyo a legalizar según qué prácticas. Ciudadanos, hemos dicho, sólo cree en el liberalismo, en la libertad sin condicionantes: en la libertad sin responsabilidad. Ciudadanos no cree que determinadas cosas sean buenas o malas: es bueno aquello que la sociedad dice que es bueno; es malo lo que la sociedad no admite. La bondad y maldad de los actos dependen del grado de aceptación que dichos actos tengan en la sociedad. Sólo existe para Ciudadanos la soberanía popular. Un partido cuyo único principio es el de esta libertad malentendida es un partido peligroso. Decía que Ciudadanos me parece el más peligroso de los partidos políticos de nuestro país. Y lo decía por esto. Detrás del podemismo ya sabemos lo que hay. Detrás de Ciudadanos, que se ha recubierto de una carcasa patriótica tan falsa como electoralmente eficaz, hay una ideología capaz de legalizar cualquier aberración (siempre, eso sí, con la excusa de “regularla”), porque lo único en lo que cree es en que el hombre ha de poder hacer cuanto le venga en gana, siempre y cuando haya “consenso”.

Lo que a mí me preocupa es, en fin, que muchas mujeres y hombres de buen corazón y recta voluntad como mi querido amigo Jorge pueden ser (y están siendo) engañados por un partido que, aprovechando la crisis del bipartidismo y la cuestión catalana, ha venido para imponer en España por la vía rápida (la vía lenta es la de los populares y los socialistas) el dominio del pensamiento único, un nuevo orden mundial que, diciéndonos traer la libertad (como han hecho todos los totalitarismos de la historia), traerá —como han hecho siempre esos mesías de plástico—, la destrucción a nuestro pueblo. No creo, ni mucho menos, que la solución esté en la versión light de populares y socialistas —tampoco en el pseudocomunismo podemita—, pero es seguro que la solución no está en quien ha venido a proclamar la anarquía moral, que terminará de destruir la familia, hoy ya moribunda. Y, como nos enseñó Juan Pablo II, “tal como va la familia, así va la nación y el mundo entero”. Si algo es Ciudadanos, es el problema, no la solución.

 

Eduardo Alarcón Torres.

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