Modo día

Es increíble como en la actualidad un tema como la homosexualidad sigue siendo objeto de burla y sorpresa. A excepción de títulos como Brokeback Mountain, la reciente Call me by your name o Filadelphia, el tema de la homosexualidad se ha tratado de pasada, como si no mereciera apenas protagonismo alguien que no sigue la heteronorma. E incluso esas películas tratan ya una homosexualidad madura, arraigada e independiente de los verdaderos problemas que surgen cuando se desvela. Con esos verdaderos problemas me refiero a la adolescencia. Todo es más dramático y más terrible cuando eres adolescente: los golpes que recibes son el doble de duros y tú tienes la mitad de fuerza. Y en un caso como es la homofobia, en el instituto resulta un martirio para aquellos que sienten que no son quienes quieren ser, que no se les deja querer libremente. Eso es lo que refleja Con amor, Simon.

Con amor, Simon cuenta la historia de Simon, interpretado por Nick Robinson, un joven de instituto que guarda un gran secreto: es gay. Simon solo logra expresarlo cuando comienza a hablar por correo electrónico con otro chico en su misma situación: Blue. A partir de entonces deberá hallar la forma de hablarles a todos sobre su identidad… ¿le aceptarán igual sabiendo que tiene una orientación sexual distinta?

Técnicamente hablando, la película no resulta un gran proyecto; la 20th Century Fox ha apostado por ella como quien compra un caramelo, pudiendo comprar al mismo tiempo coches de las mejores marcas. Sí, estrictamente desde el punto técnico no hay apenas cosas a destacar (planos en su mayoría medios o generales, a excepción de algún cenital pretendiendo dar distanciamiento en momentos concretos). Nada del otro mundo, pero, desde el punto de vista emocional… Una crítica no puede ser cien por cien objetiva porque el cine en sí no es cien por cien objetivo. El cine son sentimientos. Y esta película es un torbellino de esos sentimientos. Evidentemente si eres adolescente puedes verte todavía más identificado, pero no es un requisito indispensable para que esta película te haga sentir.

La película está planteada principalmente en dos partes: una del antes y otra del después del descubrimiento (los que la hayan visto me entenderán). Una primera parte risueña, divertida y perfecta, aunque incompleta, y una segunda parte más rígida y gris, aunque auténtica. Y es que, como dice la película, “es como una noria, en un momento estás arriba y de pronto te encuentras abajo”. Es un grito a la normalidad. Un grito a la libertad homosexual, especialmente siendo adolescente.

Como punto negativo de la trama he de apuntar que se muestra un caso demasiado positivo y sencillo para lo que podría ser: amigos fieles, padres comprensivos… El protagonista apenas experimenta unos diez minutos del metraje de verdadero dolor y soledad. La realidad es mucho más dura para aquellos que no cuentan con esa ventaja, aquellos que han sido desplazados por elegir ser homosexuales, aquellos que verdaderamente han sufrido ese acoso.

En general, resulta una película muy necesaria para lograr poco a poco esa visibilidad hacia el colectivo gay y que, sin duda, creo que puede lograrse (simplemente por la experiencia que he vivido) de tener unos espectadores sintiendo en una misma sala al unísono lo mismo, apoyando y aplaudiendo (literalmente) esas muestras de homosexualidad. Éticamente, espero que esta película sea una de las muchas que se harán sobre la homosexualidad adolescente.

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