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[Para entender qué es la esgrima histórica, te recomendamos leer previamente este pequeño artículo introductorio]

El primer tratado de esgrima conocido data de finales del siglo XII-principios del siglo XIII. Se trata de un manual alemán, conocido como I.33, que expone el uso de la espada y el broquel para la defensa civil. A partir de entonces, las muestras de tratados donde se exponen los principios y tretas del arte de la espada crecieron exponencialmente, y en los prolegómenos del Renacimiento encontramos numerosos tratadistas de espada larga en Italia y Alemania que construyeron sistemas basándose en la geometría y la morfología del arma. A partir de finales del siglo XV, y más decididamente del siglo XVI, se desarrolló el arte de la esgrima con espada de punta y corte y espada ropera; fueron las armas predominantes durante más dos siglos en toda Europa y que suponen un tópico en nuestra imagen del gentilhombre del Siglo de Oro español.

Aquello de que la esgrima se inventó en España es un dicho muy extendido pero que carece de base histórica. Rastrear la invención de un arte marcial tan primigenio y disperso es extraordinariamente complejo, casi imposible. No obstante, sí que es cierto que hubo un gran desarrollo de la esgrima en España coincidiendo con la época de plenitud del Imperio Español entre los siglos XV y XVII. En estos siglos convivieron y se enfrentaron dos escuelas de esgrima, con acentuadas diferencias teóricas y, por tanto, prácticas: La Destreza Común o Destreza Vulgar y la Verdadera Destreza.

La Destreza Vulgar es la primera en aparecer, si bien no lo hizo con dicho nombre. Es la esgrima que se practicaba a finales del siglo XV y que heredaba la tradición teórico-práctica medieval. Este tipo de esgrima muestra más similitudes con la esgrima que se venía practicando en el resto de Europa, en Italia, Francia o Inglaterra. Una esgrima un tanto más lineal, basada en tretas (acciones) concretas y su utilidad práctica en el duelo. Es, aún hoy en día, considerada una esgrima callejera en sentido peyorativo, si bien esto no es cierto. La Destreza Vulgar es toda una escuela de esgrima, que elaboró un sistema complejo y de la que encontramos numerosos maestros: Jaime Pons (tratado de 1474), Pedro de la Torre (en el mismo año), Francisco Román (1532) o Luis Godinho (1599). El tratado de este último, Arte de Esgrima, es quizá la mejor recopilación de tretas y principios que nos queda de esta escuela.

En ocasiones, es más fácil definir la Esgrima Vulgar de manera negativa: aquello que no es Verdadera Destreza. Los Maestros de la Verdadera Destreza, para acentuar sus diferencias con lo establecido hasta entonces, llamaron a su escuela “verdadera” en contraposición a “lo vulgar” (lo que es propio del vulgo, lo común). De esta forma, se buscaba la legitimización de la esgrima en forma de ciencia: un conjunto ordenado de ideas, principios y conocimientos ordenados y dotados de coherencia interna. La Verdadera Destreza acentuaba la cuestión matemática (geométrica) y filosófica del arte de la espada, desarrollando su sistema en base a preceptos que consideraban universalmente válidos y, por tanto, superiores a otros sistemas de consideración más arbitraria. Así, es común encontrar en los tratados de esta escuela ángulos, compases, distancias, líneas, arcos; a partir de estas definiciones geométricas los Maestros de la Verdadera Destreza trataron de construir un sistema universalmente válido, ya que parecía innegable que la aquel sistema que tuviese su fuente en las matemáticas no fuese tal.

Los orígenes de la Verdadera Destreza los podemos rastrear en Jerónimo de Carranza, un hidalgo sevillano que publicó en 1582 su De la Filosofía de las Armas y de su Destreza y la Agresión y Defensa Cristiana. Se cree que Carranza se inspiró parcialmente en Camillo Agrippa, un maestro de la esgrima italiana, que ya proponía un sistema con bases en la geometría, pero vertiendo una gran cantidad de ideas y conocimiento propios. Unas pocas décadas más tarde, Luis Pacheco de Narváez, que llegaría a ser Maestro de Armas de Felipe IV, expandió las bases establecidas por Carranza y asentó la escuela de la Verdadera Destreza. Posteriormente, otros maestros (Lorenz de Rada, Francisco de Ettenhard, etc.) siguieron expandiendo y discutiendo los sistemas de sus predecesores. Aún posteriormente al siglo XVIII, cuando las armas blancas empezaron a perder importancia civil y militar debido al desarrollo exponencial de las armas de fuego, podemos encontrar la herencia de la esgrima española en armas como el espadín o el sable militar, que se usó hasta los primeros compases del siglo pasado.

Hoy en día, en los practicantes de esgrima histórica, también se hacen patentes las diferencias entre estos dos estilos de esgrima. Partiendo de disposiciones teóricas distintas, encontramos diferentes tipos de tiradores; no obstante, se pueden apreciar diferencias entre tiradores de la misma escuela y, en ocasiones, la línea entre una escuela y otra es difusa en la práctica. Es común proponer a la Verdadera Destreza como eminentemente superior a cualquier otro estilo de esgrima; lo cierto es que, llevado a la práctica, un tirador vulgar puede ser superior a un diestro verdadero. En ocasiones, dada la complejidad histórica y marcial de la esgrima, se cae en simplificaciones y arrastramos mitos de siglos atrás.

En El Buscón de Quevedo, del que hablaremos más adelante, encontramos un capítulo con burlas del novelista a la Verdadera Destreza, ya que el propio Quevedo es considerado uno de los más representativos de la la escuela rival. Se hablaba incluso de un famoso duelo con Pacheco de Narváez en el que Quevedo consiguió acertar una estocada en la frente del Maestro de Armas, desvirtuando así la esgrima verdadera. Lo cierto es que Quevedo nunca derrotó en un duelo a Pacheco de Narváez, y aunque su sátira fue constante, en el propio Buscón termina diciendo que “el libro (la Verdadera Destreza) es bueno, pero que hacía más locos que diestros, porque los más no le entendían”. 

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