[El siguiente texto fue publicado originalmente en Espada y Pluma, revista cultural dirigida por Jorge García Macía. Podéis consultar y apoyar el artículo en este enlace.]

La expresión latina horror vacui (“miedo al vacío”) se emplea en arte para hacer referencia a la necesidad del autor de rellenar los vacíos de su obra de alguna forma. Así, en pintura el horror vacui se aplica cuando se rellena con un patrón o imagen; en literatura, cuando se llenan de pomposidad los versos o párrafos para no dejar ninguno sin su ornamento; en geografía, hace referencia a la representación en los mapas de elementos accesorios o fantásticos en las zonas a priori más despejadas; y en ciencias naturales, «Aristóteles argumentó con cierta extensión en el libro IV de su Física en contra de los antiguos atomistas que insistían en que los átomos se mueven en un vacío infinito.» O, como condensaría François Rabelais en el siglo XVI, la naturaleza aborrece al vacío (Tomé López, 2014).

En el cine también existe el horror vacui. Existe en muchos aspectos, pero me llama especialmente el caso del miedo al vacío sonoro de Christopher Nolan. El director de El Caballero Oscuro (2008), Interestellar (2014) o Dunkerque (2017) ha desarrollado a lo largo de los años una necesidad de rellenar los espacios vacíos en el sonido con una banda sonora instrumental que refuerce la escena, que en la mayoría de los casos corre a cargo del sintetizador de Hans Zimmer. Es destacable el caso de Dunkerque, donde los diálogos son casi anecdóticos y el peso de la historia recae sobre la dirección visual y Nolan apuesta por tener constantemente de fondo la música de Zimmer. Así es durante el desarrollo de casi toda la película, hasta el punto de que mucha gente ha apuntado que es más documental que película (una observación un tanto desatinada, en mi opinión). Contrasta de esta forma con cineastas como Martin Scorsese, que no tiene ningún miedo en retirar la música de una escena que convencionalmente la tendría y utiliza esos silencios de manera tan magistral que copan esos momentos y se convierten en significantes (Zhou, 2014).

Son filosofías distintas: la del uso (o no uso) específico de la música en cada escena y la de la música continua como hilo conductor de la película. El planteamiento de Nolan es totalmente válido, pero en unos casos me gusta más que en otros. En general, he de confesar que no me gusta el uso que hace Nolan de la música en sus películas. Me llegó a desagradar especialmente en Dunkerque, donde sin duda la BSO está a la altura pero eché en falta un mejor control del ritmo sonoro. Algunas imágenes de la película son lo suficientemente potentes como para ser espectaculares sin necesidad de tener una música no ya de fondo, sino como protagonista de la escena. Es, quizá, uno de esos casos donde más es menos y menos podría haber sido más. ¿Por qué hay tanto miedo en el cine contemporáneo a la quietud y el silencio?


BIBLIOGRAFÍA

Tomé López, César (2014). Cuaderno de Cultura Científica: Del vacío. Disponible en: https://culturacientifica.com/2014/01/14/del-vacio/

Zhou, Tony (2014). Every Frame a Painting: Martin Scorsese: The Art of Silence. Disponible en: https://youtu.be/NUrTRjEXjSM

 

 

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