El paso del conflicto al dialogo desenmascara y muestra, sin filtros, el posicionamiento de diferentes colectivos en Cataluña a favor de seguir alimentando la confrontación.

La situación de estancamiento en la política catalana ha sufrido un cambio más que evidente con la entrada en Gobierno del PSOE, vía moción de censura que ha permitido sacar del Gobierno al partido más corrupto de Europa, estableciendo la entrada en escena de un interlocutor que apuesta por el diálogo. Más que suficiente para retomar el contacto y que sea la política, y no la justicia, la que busque y encuentre soluciones al problema territorial y de convivencia que sufrimos en Cataluña.

Aunque Torra intente reafirmar el posicionamiento de confrontación del nacionalismo catalán con las instituciones que representan al Estado español, con acciones esperpénticas como la realizada la semana previa a la inauguración dels Jocs del Mediterrani de Tarragona para la recepción de Felipe VI, sabe por experiencia que la unilateralidad no es el camino. Aún así, el nacionalismo catalán no perdonará ni olvidará nunca el discurso del rey el 3 de octubre, ni los palos recibidos el 1 de octubre, un día difícil de olvidar para los que lo vivimos in situ.

El President sabe perfectamente que será sólo a través de la política, el diálogo y los acuerdos legítimamente adoptados, lo que permita poner en la agenda para su debate la aspiración del nacionalismo catalán para que Cataluña pase de ser sujeto de autonomía política a ser un nuevo sujeto de soberanía política. Torra sabe que atendiendo al derecho europeo e internacional, Cataluña sólo podrá ser nuevo sujeto de soberanía política si consigue la independencia de forma pactada, pues el pacto otorga legitimidad a la acción, y conlleva el indispensable reconocimiento del resto de actores internacionales, dicho de otra forma, si no te reconozco no existes.

El cambio de actores políticos ha forzado también un cambio en las formas y en los conceptos utilizados. Pedro Sánchez se muestra abierto al diálogo con el nacionalismo catalán recuperando espacios abandonados de encuentro y debate, donde se fomente el diálogo como base para llegar a acuerdos. Este cambio fuerza, aunque sea a regañadientes, al nacionalismo catalán al diálogo, algo que pedían desde hace tiempo y que no todas las facciones nacionalcatalanistas ven con buenos ojos.

Entre los cambios que ha traído consigo el diálogo cabe destacar el de la reconfiguración de los diferentes bloques que forman parte del vía crucis del procés.

Con el Partido Popular en el Gobierno y la aplicación del artículo 155 CE, cuando la estrategia era la confrontación y el estancamiento político, se establecieron el bloque unionista o del 155, integrado por los partidos políticos que dieron apoyo a la aplicación del art. 155 CE, y el bloque independentista.

La apuesta por el diálogo entre Gobierno y Govern dibuja una nueva línea divisoria estableciendo nuevos bloques. Una nueva ordenación de los actores que siguen apostando por el conflicto, por la confrontación y por romper toda relación positiva que busque una salida al conflicto. Entristece ver que hay actores que anteponen sus intereses a la resolución del conflicto y que han hecho del problema catalán un motor económico o electoral. Para ellos siempre será más interesante hablar de Kosovo que de Escocia. Así, mientras la CUP acusa a Torra de querer cerrar el procés y los CDR piden su dimisión, en el otro bloque el Partido Popular y Ciudadanos siguen tirando gasolina al fuego con acusaciones de parvulario contra el Gobierno por supuestas concesiones a los nacionalistas catalanes. Es predecible el discurso en el PP, pero no tiene lógica en Ciudadanos, quienes han olvidado demasiado pronto que la moción de censura ha servido para sacar al partido más corrupto de Europa del Gobierno de España, es necesario insistir y repetir ese concepto.

Queda mucho trabajo por hacer para recuperar la normalidad en Cataluña. Quizás no todos seamos conscientes que la factura más alta a pagar será la fractura social. No será fácil ni rápido, pero algo está cambiando y eso es esperanzador.

Miguel Montaño

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