Modo día

Neuromante quizá tenga uno de los mejores comienzos de la literatura de ciencia ficción:

The sky above the port was the color of television, tuned to a dead channel.

El cielo sobre el puerto  tenía el color de una pantalla de televisor sintonizado en un canal muerto*

Una  frase corta y sencilla te introduce en un mundo que ya sabes deprimente, contaminado, altamente tecnificado y sin esperanza.  Solo con la primera frase.

La novela, precursora  -que no pionera- de lo que se llamaría cyberpunk fue escrita allá por el lejano para unos, y tan cercano para otros, 1984 y ganó los prestigiosos premios Hugo, Nebula, Tähtivaeltaja, Science Fiction Chronicle Reader  y Phillip K. Dick.  Si ya es meritorio ganar  tal cantidad de premios en una sola temporada  lo es más que esta fuera la primera novela del ya legendario William Gibson.

En la novela, Case, un adicto cibervaquero que ha perdido su capacidad para acceder al ciberespacio es contratado por un tipo llamado Armitage para realizar un trabajo en el que se ve implicada una multinacional. Case, pese a todo, cuenta con el apoyo de Molly, una letal mercenaria cibernética capaz, entre otras cosas, de sacar cuchillas de sus uñas; Riviera, una especie de mago de la holografía; Malcum, un piloto de carguero rastafari; o Dixie Flatline, la consciencia de un antiguo maestro de Cane convertida en programa informático.

Así contado el argumento puede parecer un poco pueril, pero Neuromante es más que su trama. Es su atmósfera deprimente y gris, su manera de narrar entre una desengañada filosofía transhumanista y la poesía futurista, su capacidad para hacernos viajar a un futuro que se nos antoja lejano pero a la vez a la vuelta de la esquina.

Por esta razón se ha ganado la fama de obra difícil: sus constantes referencias al ciberespacio, al software, a sistemas de seguridad informáticos y a la realidad virtual era un arcano allá por los años 80, cuando muchos ni siquiera teníamos una televisión en color en casa. Esa fama ha permanecido pese a que la mayoría de conceptos usados por Gibson ya son de  dominio público. Así que perfectamente podrás acercarte a la novela si estás leyendo esto desde la pantalla de tu portátil, tablet o móvil. Mira… eso sí que no lo supo ver el bueno de William.

El valor que le damos ahora bien tendría que ver con la teoría que tienen algunos  acerca de que una obra que da origen o impulsa una tendencia contiene todas las bases  y propuestas explotables para futuras obras de ese movimiento. Digamos que en Neuromante ya hay muchos de los elementos que el cyberpunk explotará: la humanidad fusionada con la máquina, la adicción a las drogas de diseño, la posibilidad de ser inmortal a través de la automatización, la alienación disfrazada de socialización que nos ofrece las redes, el poder detentado por los datos, el hackeo como resistencia en una sociedad decadente, la crisis medioambiental, la pérdida de privacidad, la fascinación por la cultura japonesa del neón… todo eso está ahí, ya en 1984.

Sin embargo Neuromante no es infalible, quizá afortunadamente. Todavía no hemos llegado a ver estaciones espaciales (habitadas por ricos y elitistas), no hace falta enchufarse literalmente gracias a implantes para visitar Internet (implantes que a menudo tienen fallos), ni el urbanismo está tan descontrolado como para que haya una megaciudad que conecte Boston y Atlanta (para que te hagas una idea sería una urbe que se extendería de Madrid a Múnich).

El universo de Neuromante está lleno de imágenes poderosas, no olvidemos que el cyberpunk también es un movimiento estético; pero la novela nunca ha sido adaptada a la pantalla. Cada dos por tres sí que se escuchan rumores que ligan a un director de moda con el proyecto: ahora se escucha el nombre del director de Deadpool, Tim Miller; pero hace tiempo se oyó el apellido Wachowski después de Matrix; y antes, cuando Cube se convirtió en película de culto se habló de Vicenzo Natali. Curiosamente este último fue el que más cerca estuvo de llevar la empresa a buen puerto. Prueba de ello es que Natali llegó a compartir en redes sociales varios bocetos de escenarios y personajes.

¿Por qué no hemos visto todavía esa adaptación? En tiempos se hablaba de dificultad técnica y conceptual, así que volveríamos a lo que dijimos al principio de este artículo; otros hablaron de un público que no entendería por qué un personaje debería estar lleno de implantes para hacer lo que ahora hacemos todos con un teclado; otros dicen que, sencillamente, todos los temas a tratar ya se han tratado en otras películas desde Blade Runner a Ghost in The Shell pasando por  la cinta de triste recuerdo Johnny Mnemonic. Nosotros pensamos si de verdad hace falta una película cuando, cosas del ciberespacio, en Youtube se pueden encontrar numerosos trailers y hasta bandas sonoras delo que sería la película realizados por fans.

En definitiva, esperamos que después de esta larga digresión y pese a lo que digamos, os hayan quedado ganas de leer Neuromante.

*Traducción de José Arconada Rodríguez y Javier Ferreira Ramos para la edición en castellano de la editorial Minotauro  (1984).

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