Modo día

La precariedad se dice de muchas formas. Se dice de los contratos temporales, de las horas extras habituales y no remuneradas, de las responsabilidades asignadas sin reconocimiento y de los ambientes laborales opresivos. La precariedad es la ley de buena parte del mercado laboral actual, un corrosivo entorno en el que nos vemos obligados a desarrollarnos.

Una idea muy interesante desde el punto de vista de la construcción de identidades – entendida desde la perspectiva individual y psicosocial-, es la del peso del trabajo en este proceso. Investigaciones como la de Esteban Agulló, Profesor de Psicología social en la Universidad de Oviedo, ahondaron durante la década de los noventa en esta cuestión, otorgando al trabajo una contundente centralidad.

El trabajo supone, por un lado, un importante componente de la vida del individuo que refleja relaciones sociales y, en ultima instancia, de poder; por otro lado, el trabajo es la forma en la que las sociedades capitalistas occidentales otorgan al individuo la independencia económica que permite construcciones a largo plazo.

Esta centralidad, no obstante, empieza a ser cuestionada. La precariedad laboral ha provocado una crisis en las identidades de la era post-industrial, que empiezan a imaginar y crear, necesariamente, nuevas formas de construcción sobre las que, sin embargo, es necesario reflexionar.

Una excelente síntesis sobre esta cuestión, documentada y pensada con esmero, puede leerse en “De la crisis de las identidades a las configuraciones precarias de la identidad.” de Elsa Santamaría – Universidad del País Vasco. En esta breve disertación podemos comprender de qué manera la construcción de la identidad, afectada por la precariedad laboral, está cambiando sus ejes.

La temporalidad, los bajos salarios o las enfermedades laborales derivadas del estrés que supone una inestabilidad constante, provocan dos importantes disturbios con respecto a la configuración tradicional de la relación entre trabajo e identidad:

Por un lado, la temporalidad y el constante cambio de profesión en un capitalismo orientado a servicios provoca que la identificación que el individuo construye con respecto a su trabajo, como aporte social, se vea debilitada. Muchos individuos no pueden construir su identidad, con o sin centralidad, desde el aporte social que su trabajo representa.

Por otro lado, la misma inestabilidad laboral, y por tanto económica, provoca la imposibilidad de hacer planes a largo plazo y, por tanto, construir elementos identitarios tanto en lo laboral como en lo personal. Sin una estabilidad económica y profesional difícilmente podemos construir, esforzados en un presente tormentoso que se eterniza, una identidad personal de proyectos.

Las generaciones más jóvenes, que en ocasiones han crecido asumiendo esta situación de precariedad como una realidad inalterable, empiezan a desplazar el empleo como eje central, siquiera importante, de la construcción de su identidad. El ocio, la música, la moda, las relaciones sociales tecnologizadas… son elementos que están desbancando el lugar del trabajo en la construcción de la identidad, en tanto componente social e incluso en el objetivo de la independencia económica.

La aparición de nuevas piezas clave en la creación de identidades produce un cambio generacional que ha traído a estos nuevos constructos críticas de levedad, y que no han traído, no obstante, críticas a un sistema sociolaboral cuya transformación ha supuesto el declive de lo que el trabajo representa para los individuos en sociedad.

Hoy todo está cambiando, podemos hacer un curso de influencer, soñar con hacernos youtubers de éxito, cantantes de un reality show, montar tiendas on-line de ropa de diseño propio y en definitiva buscar y construir nuestra identidad social en un ambiente laboral inestable y post-industrial, una identidad mucho mas presente y mucho menos definida, salvo quizá, en su intención de adaptarse a los cambios.

Esto no es necesariamente algo criticable desde el punto de vista que glorifica las relaciones laborales en una sociedad industrial que ponía en su centro la figura del trabajador, sin embargo, no parece descabellado introducir ciertas exigencias acerca del sistema socio laboral y la protección a un trabajador que cuya figura se diluye entre los falsos autónomos y los cambios de profesión cada pocos meses. Quizá, en los tiempos de la identidad precaria que se desplaza hacia la identificación del ocio y las relaciones sociales tecnologizadas, hay espacio para recuperar un importante pilar de las identidades sociales, un pilar político.

Referencias:

LA CENTRALIDAD DEL TRABAJO EN EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA IDENTIDAD DE LOS JÓVENES: UNA APROXIMACIÓN PSICOSOCIAL  Psicothema – Esteban Agulló Tomás. Universidad de Oviedo.

DE LA CRISIS DE LAS IDENTIDADES A LAS CONFIGURACIONES PRECARIAS DE LA IDENTIDAD  Themata Revista de filosofía – Elsa Santamaría López. Universidad del País Vasco (UPV/EHU)

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