Una de las palabras más utilizadas por los oradores durante la presentación de Crida Nacional del pasado 16 de julio fue transversalidad. Es necesario dar un vistazo con más profundidad al concepto tal y como lo entiende este nuevo movimiento político, ya que si nos remitimos a los hechos, una de las primeras consecuencias ha sido la dimisión de Marta Pascal, excoordinadora del PDeCat, quien no soportó las presiones de Puigdemont, o las amenazas de Elsa Artadi, portavoz del Govern, con expulsar a los consellers que dieran su apoyo a Pascal. Repaso en las filas y todos bien alineados, si alguien se mueve queda fuera… y eso no es precisamente la mejor forma de ensanchar las bases en política, como pretenden. ERC y la CUP toman nota, pues saben que los siguientes son ellos.

Crida Nacional está impulsado por Jordi Sánchez, Quim Torra y Carles Puigdemont, quien tendrá como pilares a David Bonvehí y Miriam Nogueras. El expresident definió el movimiento político en su presentación como: “punto de partida abierto y generoso que se dirige a todos donde juntarse todos y todas para cumplir el deseo del soberanismo de recorrer el camino que falta para consolidar la República”. Este párrafo en el discurso es especialmente significativo, ya que reconoce que en el Estado español es legítimo tener y defender una ideología nacionalista que pretende instaurar la República Catalana… Otra cosa es que algo así se intente por una vía unilateral y situada fuera del estado de derecho, como la utilizada en las sesiones del 6 y 7 de septiembre de 2018 en el Parlament de Cataluña.

El movimiento comunica el 21 de julio que ha alcanzado los 40.000 adheridos y cuentan con 33.600 seguidores en Twitter. Ese seguimiento, a pesar de que desconocemos si el espacio político se situará en el centro-izquierda, Agustí Colomines lo define como una combinación de la Asamblea Nacional Catalana (ANC) y del PSUC, como parece ser la pretensión y uno de los muchos motivos de recelo de ERC. O si se posicionará en el centro-derecha, que sería su espacio natural teniendo en cuenta que en la actualidad sólo es un grupo el que controla Crida Nacional. Todas estas dudas, sobre la ideología y el espacio político del movimiento, entre otras cuestiones fundamentales para definir al nuevo sujeto político, no se podrán despejar hasta la celebración de la convención nacional constituyente que tendrá lugar en octubre.

El manifiesto también dice: “Todos los pueblos tienen derecho a la libertad. Todas las naciones tienen derecho a la autodeterminación. Cataluña no es una excepción. El artículo primero del Pacto Internacional de los Derechos Civiles y Políticos de Naciones Unidas proclama que todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación”. Lo que no dice el manifiesto es que debe ser interpretado según la Resolución 2625 de la Asamblea General de la ONU de 24 de octubre de 1970, que establece respeto absoluto a la integridad territorial: “Ninguna de las disposiciones de los párrafos precedentes se entenderá en el sentido de que autoriza o fomenta cualquier acción encaminada a quebrantar o menospreciar, total o parcialmente, la integridad territorial de Estados soberanos e independientes que se conduzcan de conformidad con el principio de la igualdad de derechos y de la libre determinación de los pueblos antes descritos y estén, por tanto dotados de un gobierno que represente a la totalidad del pueblo perteneciente al territorio, sin distinción por motivo de raza, credo o color”

¿Por qué Crida Nacional?

Porque es un movimiento político que pretende dejar de lado los partidos políticos y sus estructuras para ser un espacio transversal donde se haga política sin partidos políticos, donde se incorporen personas que no se identifican con los partidos pero sí con la idea de la construcción de la República catalana. El nacionalismo catalán se ha dado cuenta que para su causa las estructuras de partido son un lastre e intenta incorporar a personas que no se identifican con los partidos, pero que quieren participar en el debate.

Primeras reacciones.

Ni ERC ni la CUP han reaccionado como Puigdemont esparaba. Hasta aquí nada nuevo. De entrada la CUP no reconoce a Crida Nacional como movimiento, y ERC recela, y mucho, sobre todo por la intención de ocupar el espacio del centro-izquierda y una previsión en crecimiento de voto del 30%. Los dos saben perfectamente que un movimiento como Crida Nacional los vaciará de apoyos y los menos devotos pasarán al nuevo espacio político “transversal”.

El destrozo de CN en el PDeCat aún no se puede calcular, pero pasará factura y alta. Hay cierta sensación en el ambiente de que Puigdemont puede dar la estocada definitiva al PDeCat, anteriormente conocidos con diferentes nombres y formas como: Junts X Catalunya, Partit Demòcrata Europeu Català, Partit Demòcrata Català, Convergència Democràtica de Catalunya, Democràcia i Llibertat, Junts pel Sí…  la antigua Convergència i Unió de toda la vida… la del 3%.

Miguel Montaño @conectapersonas

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