Modo día

El título avanza el contenido. Así no perdemos tiempo que anda escaso. Quien quiera que continúe leyendo y quien no, pues eso, que se meta en coraza, cierre su concha (pido perdón a posibles lectores argentinos), erice púas o dé un portazo informático, pase el pestillo de su morada y mire hacia otro lado. Zorros y erizos (1), cada cual que escoja lo que mejor vaya con su personalidad (2).

Hablo de “educación” en una acepción casi olvidada. Me refiero a “educación” como sinónimo de cortesía, respeto al prójimo y buenos modales. Como antónimo de descortesía, grosería y desconsideración. Así se aprecia mejor. Esa educación que hace a jóvenes ceder asiento a más necesitados a no replicar a nuestros mayores o a callar las propias – legítimas – ideas y pensamientos ante un foro (familia, amigos o auditorio completo) a quien puede molestar su exposición, sobre todo si eres invitado en casa ajena.

De “hospitalidad” en su doble vertiente; fuente de derechos y obligaciones recíprocas de quien acoge y del acogido. Del cobijo y refugio que proporciona el dueño de la casa y el necesario respeto a usos y normas ajenas de su invitado a la mesa. Parece sencillo y hasta fácil de comprender. La hospitalidad ha sido acatada, respetada, desde el inicio de la convivencia humana. Para el pueblo sumerio constituía parte fundamental del código moral; los egipcios tenían diosa del ramo; las deidades nórdicas lo contemplaban y respetaban; en la Grecia clásica su diosa protectora era hermana de Zeus y descendiente de los Titanes; en la Roma precristiana la propia Primera Dama esposa de Júpiter (3); los árabes lo elevaban a deber sagrado; para los cristianos es obligación bíblica y hasta los salvajes (no tanto) mongoles respetaban su observancia y castigaban su desatención. Será cosa del cambio climático, el agua contaminada, mercurio en los peces, clembuterol en la carne o vete tú a saber, pero más de uno/a se pasa por el forro esta esencial norma de educación. Claro que cuando es la ministra del ramo la cosa es grave y mucho.

Si eres invitado de la ONCE, por ejemplo, no debes contar el chiste de Casimiro que vivía en el Noveno B de la urbanización Vistahermosa. Guárdate la gracia, si es que la tiene, para ti. En un evento vegano, por aficionado que seas, no se pregunta por sesos de codero ni se alaba su sabor y propiedades nutritivas o te presentes con un abrigo de zorro o garras de astracán. En la embajada de Marruecos, Libia o Siria ni pidas jamón ibérico (serrano para pedrocho, hijo no reconocido de Gepeto), ni vino, ni chupitos. Si lo haces eres un maleducado/a además de engreído/a que insulta a su anfitrión y se pasa, por el forro, la hospitalidad debida.

Si te convocan, y asistes, por cargo institucional – ministra nada menos – al Congreso de Escuelas Católicas, no es momento ni lugar para giñarte en el auditorio y sostener que no tienen derecho a elegir ni colegio, ni formación religiosa de sus hijos. Por razón que tuvieras, ni entro ni me importa, cometes la peor de las infamias, la más grave afrenta, escupes en la mesa de tu anfitrión, le faltas al respeto, pecas de soberbia y te crees mejor que los demás. Pobres ignorantes que no saben ni leer la Constitución, menos mal que estoy aquí, qué sería de ellos sin mí. Te comportas como aquella madre que presumía en la jura de bandera porque su hijo era el único que llevaba el paso bien. Si no quieres ser humilde, por lo menos sí educada aunque sea por respeto a ese mismo cargo sin el que ni te habrían invitado, ni te escucharían.

Por si aún no se ha entendido, esto no va de tener razón sino consideración. De mirar más allá del ombligo y convicciones propias. De agradecer la hospitalidad recibida y no esputar en la cara de quien te acoge y colma de atenciones. De tener, por encima de todo, educación y mostrar la exigible deferencia para quien te alberga y cobija. Podría estar hasta de acuerdo con el fondo pero detesto el modo, la forma y lugar. No hay excusa ni explicación para el error de bulto cometido, salvo la pertinente y sincera disculpa, una mala tarde la tiene cualquiera (4), que nunca se dará. No es costumbre patria reconocer los fallos propios y menos entre la clase, casta, política.

A mes vista de Navidad, asistimos al más clásico acto de cuñadismo político. Te sientas a la mesa contribuyendo, solo, con tu presencia. Llegas a mesa y mantel. Se te recibe con alegría y brazos abiertos y te permites decir a la familia unida que todos están equivocados menos tú. Que no tienen ni idea de lo que hablan y, además, lo explicas ante una ojiplática audiencia que te saltaría al cuello sino respetaran la hospitalidad que tu desprecias.

Pero claro, a ti todo esto ampliamente te la ……….celaa

1.- Arquíloco, ocho siglos a. C. “el zorro sabe muchos trucos, el erizo sólo uno pero es muy eficaz”.

2.- Isahia Berlin, filósofo de mitad del siglo XX. Simplificando, dividía el mundo en dos personalidades, zorros y erizos. Los primeros lo ven en toda su complejidad, desde muchos aspectos y múltiples formas de actuar, lo que a veces les hace inoperativos. Los segundos sólo ven y entienden una parte y un modo de proceder simple pero eficaz. Habitualmente, no siempre, prefiero el dilema del zorro (conocimiento) que la falsa seguridad del erizo (ignorancia).

3.- Bastet, seuo. (Egipcios); Odin (disfrazado de huésped); Hestia (Grecia); Panda, Juno (Roma)

4.- Don Gregorio, Chiquito, dixit.

1 COMENTARIO

  1. Vaya repaso bueno.
    Se puede decir más alto, pero no más claro.
    Enhorabuena.
    Y es que la mala educación está ya en niveles de pandemia… y hasta los políticos tipo Celaa y muchos otros pecan de falta de lo que antes se llamaba ‘urbanidad’.

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