Modo día

Introducción

La libertad y los presupuestos éticos como posibles condiciones para la crueldad pueden argüirse que la ética es una de las preocupaciones críticas características de Wilde. Por tanto, resulta significativo observar, en el contexto de la obra de Wilde, la manera en que la libertad del individuo se emancipa siguiendo las líneas del pensamiento filosófico de Nietzsche. Según el pensador alemán, a través de la construcción de la mala conciencia en el ser humano, este —amén de su instinto de crueldad— queda totalmente domesticado. Así las cosas, la forma en la que se libera el ser humano resultan de la recuperación del instinto de crueldad. En última instancia, y a la luz de esta idea, cabría interpretar la mala conciencia como una ficción creada por la sociedad para controlar, de algún modo, al hombre. En conclusión, parece sensato plantear un estudio de hasta qué punto los personajes de Dorian Gray disponen, en realidad, de libre albedrío.

Por otra parte, Freud analiza, en términos no muy distintos a los de Nietzsche, las características deletéreas contra el individuo, inherentes al concepto de cultura, en contraste con el papel liberador que el pensamiento ilustrado ha asignado tradicionalmente a la cultura. Estas características nacen, sobre todo, de la represión ejercida por parte de la cultura en la que se desarrolla el individuo para que este no pueda expresar libremente sus pasiones e instintos (entre los que se halla la crueldad).

Ideas de mala conciencia ninietzscheana y malestar freudiano en El retrato de Dorian Gray

Se ha introducido en el anterior apartado la noción nietzscheana de la mala conciencia en relación con el individuo, así como la forma en la que esta le ha sido inculcada para suprimir su libre albedrío, de manera que sus instintos queden censurados. Consecuentemente, el instinto de crueldad al ser reprimido se vuelve en contra del individuo atormentándole en su interior, según explica Nietzsche en La Genealogía de la Moral (1887). Con el fin de profundizar más en este malestar que produce la corrección cultural de los instintos y, en especial, el de crueldad, se recurrirá en este punto a la obra de Sigmund Freud. En El Malestar en la Cultura, el autor expone su propia visión acerca de este proceso de domesticación cultural del ser humano. Estas ideas freudianas se aplicarán en las siguientes páginas al análisis del Retrato de  Dorian Gray, donde la sociedad influye de tal forma que acaba por conducirlo a un final trágico.

Debido a las restricciones que impone la cultura, desde Freud se ha empezado a entender esta como el factor clave para producirle un malestar (mala conciencia) al hombre que forme parte de ella. Sostiene Freud que “el término cultura designa la suma de las producciones e instituciones que distancian nuestra vida de la de nuestros antecesores animales y que sirven a dos fines: proteger al hombre contra la Naturaleza y regular las relaciones de los hombres entre sí” Así pues, por una parte, según Freud, el hombre aspira a ser libre tras haber experimentado la misma condición de otros pueblos que no han construido una cultura dialéctica y represora como la occidental. Sin embargo, por otra parte, se requiere controlar las relaciones sociales porque si cada individuo fuera libre, se dejaría llevar por sus instintos y podría dañar al resto. Nietzsche, por su parte, define a su vez al Estado social como una horda cualquiera integrada por rubios animales de presa, a una raza de conquistadores y de señores que estaba organizada para la guerra y que tenía la capacidad de organizar, y que pone sin ningún escrúpulos sus terribles zarpas sobre un pueblo tremendamente superior en número, pero sin forma y vagabundo aún.

Las dos definiciones ―de Freud y Nietzsche― subrayan la idea del control del ser humano para su domesticación. Ya anticipaba Nietzsche en el Segundo Tratado de la obra citada el condicionamiento del hombre y sus consecuencias: el modo en el que se consiguen estos fines es suprimiéndole al hombre sus instintos. Freud sostiene que esto se lleva a cabo a través de requisitos culturales como el de la justicia, de tal modo que “esta sustitución del poderío individual por el de la comunidad representa el paso decisivo hacia la cultura”  Se trata, pues, de un “sacrificio de los instintos”  por parte de los miembros de la comunidad y así estos quedan exentos de libertad, tal como se ha visto en el apartado anterior al analizar la visión nietzscheana de la libertad. Además, al igual que Nietzsche, Freud defiende que los instintos, al no ser exteriorizados, se vuelven en contra del individuo. Esto ocurre con el instinto de agresión o crueldad: “al cesar esta agresión contra el exterior tendría que aumentar por fuerza la autodestrucción”

Lo mismo sucederá con Dorian Gray, quien no puede desarrollar sus instintos y por ello, acaba destruyendo el retrato a la vez que a sí mismo. Si bien Nietzsche sostenía que la crueldad produce placer al individuo que la ejerce, Freud explora un placer de tipo narcisista en la crueldad: “aun en la más ciega furia destructiva, no se puede dejar de reconocer que su satisfacción se acompaña de extraordinario placer narcisista, pues ofrece al yo la realización de sus más arcaicos deseos de omnipotencia”

El ser humano en general ―y no solamente los dandis como se ha dicho anteriormente― busca la libertad de sus instintos. Es por esto que la cultura se convierte en su mayor enemigo, creando de esta manera un conflicto entre el individuo y la sociedad de la que forma parte. El ser humano debe vivir siendo libre como afirma Nietzsche. Ahora bien, el autor también se plantea:

¿Qué significa vivir? Vivir quiere decir arrojar lejos de sí constantemente aquello que tiende a morir; vivir quiere decir ser cruel e inexplorable con todo lo que de débil y de envejecido hay en nosotros, y no sólo en nosotros. ¿Sería, entonces, vivir ser despiadado con los agonizantes, los miserables y los viejos? ¿Ser constantemente un asesino? Y, sin embargo, el viejo Moisés dijo: “¡No matarás!”

Si se considera que el individuo busca despojarse de lo débil y ser cruel con todo aquello que se interponga en su camino de libertad, nuevamente Freud y Nietzsche vuelven  a coincidir, porque este conflicto se transforma entonces en una “lucha de la especie humana por la vida”  con la cultura. La lucha que expone Freud hace suyas las mismas tácticas que Nietzsche había presentado en La Genealogía de la Moral, a saber, la supresión de los instintos, cuya consecuencia es la interiorización de estos para atormentar al individuo. Freud introduce el concepto de super-yo para denominar a la conciencia del yo, la cual se encarga de darle al ser humano un sentido de culpabilidad. El yo no puede actuar libremente puesto que tanto sus pensamientos, como sus intenciones y actos están permanentemente controlados por este super-yo que ha sido introducido por la cultura en cada uno de los miembros que la componen. De manera que si el individuo es cruel o agresivo en su vida, [su] agresión es introyectada, internalizada, devuelta en realidad al lugar de donde procede: es dirigida contra el propio yo, incorporándose a una parte de éste, que en calidad de super-yo se opone a la parte restante, y asumiendo la función de “conciencia” [moral], despliega frente al yo la misma dura agresividad que el yo, de buen grado, habría satisfecho en individuos extraños. La tensión creada entre el severo super-yo y el yo subordinado al mismo la calificamos de sentimiento de culpabilidad; se manifiesta bajo la forma de necesidad de castigo.

Este es el modo en que la cultura ejerce su poder sobre sus miembros y, por consiguiente, es el motivo por el que estos anhelan preservar cada vez más su libre albedrío. Este condicionamiento humano está siempre presente y finalmente, acaba (auto) destruyendo a los individuos si no aceptan la autoridad del super-yo.

Freud aborda la trayectoria del malestar del individuo analizando también otro tipo  de sufrimiento humano y sus causas. Según el psicólogo y pensador, el hombre busca su propia felicidad, pero la respuesta freudiana ante este ideal humano queda subordinada al pesimismo ya que dicha felicidad resulta finalmente inalcanzable [vid. Malestar 80]. Una de las mayores causas de esta infelicidad es la pérdida del amor como fuente de placer y satisfacción: “en efecto: jamás nos hallamos tan a merced del sufrimiento como cuando amamos; jamás somos tan desamparadamente infelices como cuando hemos perdido el objeto amado o su amor” Desde un punto de vista distinto, Freud propone igualmente un camino para afrontar el sufrimiento vital: “[que] la felicidad de la vida se busque ante todo en el goce de la belleza, […] esta orientación estética de la finalidad vital nos protege escasamente contra los sufrimientos inminentes” A su vez Freud encuentra otras causas del sufrimiento humano que Dorian Gray también acaba experimentando: “la supremacía de la Naturaleza, la caducidad de nuestro propio cuerpo y la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad”  Los dos primeros factores ―la Naturaleza y la caducidad de lo humano― se definen en El Malestar de la Cultura como inevitables, por ser imposible detener el paso del tiempo: “en lo que a las dos primeras se refiere, nuestro juicio no puede vacilar mucho, porque nos vemos obligados a reconocerlas y a inclinarnos ante lo inevitable”

No obstante, el deseo de Dorian Gray por la eterna juventud se hace realidad en la obra: “I am jealous of everything whose beauty does not die. I am jealous of the portrait you have painted of me. Why should it keep what I must lose?” Así pues, a partir de este instante, se podría afirmar que Dorian Gray se impone al curso de la naturaleza, que afecta a todos los seres humanos por igual, exponiéndoles a la decadencia de sus propios cuerpos. Dorian Gray hace realidad su obsesión de intercambiarse con su retrato, de modo que el paso de los años se verá reflejado en su propia representación, mientras que él seguirá joven y bello. Sin embargo, es en la tercera causa, es decir, “la insuficiencia de nuestros métodos para regular las relaciones humanas en la familia, el Estado y la sociedad” en la que Freud se centra de manera más significativa, ya que esta afecta directamente al rol de la cultura y su relación con el individuo. Igualmente es la más determinante al final de la novela porque conducirá al desenlace trágico de Dorian Gray.

Dorian Gray disfruta del placer que emana su crueldad hacia los demás y esto queda expuesto en su retrato: “the quivering, ardent sunlight showed him the lines of cruelty round the mouth as clearly as if he had been looking into a mirror after he had done some dreadful thing” A su vez este placer es narcisista en tanto que el dandi tiende a sentir una gran preocupación por su imagen y estética, al igual que Dorian Gray, quien por encima de cualquier moral, busca esconder el secreto de su belleza eterna.

Sin embargo, antes de la manifestación del placer por la crueldad, el protagonista ha experimentado los diferentes tipos de sufrimientos que Freud analiza. A este respecto, es significativo el episodio trágico del The Picture of Dorian Gray, en que su amada Sybil se quita la vida porque no es capaz de sobreponerse al desamor. En un primer momento, Dorian Gray se da cuenta de las palabras llenas de odio y desprecio que había dirigido a Sybil tras su actuación, de modo que decide disculparse ante ella y pedirle matrimonio. Sin embargo, Sybil yace ya sin vida. La pena que experimenta el joven amante en un primer momento desaparece una vez que adopta el papel de dandi inspirado por Lord Henry: “oh Harry, how I loved her once!It seems years ago to me now. She was everything to me” A partir de ese momento, su vida se ve envuelta en el hedonismo, entendido este como búsqueda del placer y de belleza. Es por  esta razón por la que Sybil se convierte para Dorian Gray en una heroína y su muerte es vista como una bella tragedia que puede equiparar la vida con el arte.

Dorian Gray sigue un modelo similar para no dejarse llevar por sus emociones negativas y así lo demuestra ante Basil, quien pensando que el joven estaría destrozado por la sorprendente noticia, acude a verle. Para su sorpresa, Dorian Gray ya se ve sumergido en ese esteticismo hedonista,  siendo esta una visión nietzscheana acerca de la sublimación de los instintos del ultrahombre.

Sin embargo, en última instancia, Dorian Gray no puede liberarse de su conciencia, ya que está representada en el retrato por medio de los cambios que experimenta esta  figura después de cada acto de crueldad que el protagonista comete: “the picture, changed or unchanged, would be to him the visible emblem of conscience” Dorian Gray entra en contacto con su conciencia en dos ocasiones, sin embargo, en la primera ocasión acaba venciendo al super-yo. La primera escena es el momento en el que Dorian Gray llega  a arrepentirse de su crueldad tras la muerte de Sybil. El joven se lo hace saber a Lord Henry, quien al formar parte de esa sociedad victoriana, espera que el super-yo ya haya atormentado a su aprendiz.  Tras este episodio de agresividad por parte del super-yo, Dorian Gray se lamenta y, por un momento, cree haber tomado conciencia de sus actos. El protagonista Dorian Gray parece estar ya sumergido en el ideal de la cultura, de modo que esta parece haber alcanzado su propósito en controlar los instintos del joven.  En efecto, la cultura le ha inculcado su deber al joven Dorian Gray; no obstante, este cargo de conciencia no se prolonga demasiado dentro del nuevo programa hedonista que Lord Henry, a su vez, trata de transmitirle, puesto que es a través de este como se manifiesta el ultrahombre nietzscheano: aquel que intenta liberarse a sí mismo de las ataduras de la sociedad, es decir del super-yo, para empezar a vivir libremente cada emoción:

“The aim of life is self-development. To realize one’s nature perfectly–that is what each of us is here for. People are afraid of themselves, nowadays. They have forgotten the highest of all duties, the duty that one owes to one’s self. Of course, they are charitable. They feed the hungry and clothe the beggar. But their own souls starve, and are naked. Courage has gone out of our race. Perhaps we never really had it. The terror of society, which is the basis of morals, the terror of God, which is the secret of religion–these are the two things that govern us”

Estas palabras de Lord Henry ponen de manifiesto el malestar freudiano dentro de la sociedad victoriana o, en otras palabras, el terror que sentían los individuos ante la persecución de la moral dominante que impone como única salida la aceptación o la derrota. Ante la explicación de Lord Henry acerca de la situación social, este ofrece la alternativa hedonista para que los individuos desaten sus instintos por encima del miedo a la sociedad y a la religión.

La segunda ocasión cuando la conciencia de Dorian Gray se proyecta sucede tras la muerte del pintor. Este acontecimiento es decisivo, puesto que el joven comienza a sentirse dominado por la mala conciencia. Ciertamente, el hecho de tener que planificar cómo deshacerse del cuerpo del pintor y, a la vez, tener que involucrar a un viejo amigo —a quien en otra ocasión había llevado a la desgracia— hace recordar al protagonista toda la influencia negativa que él mismo ha llegado a ejercer sobre los demás personajes. Su sentimiento de culpabilidad se vuelve mucho más tormentoso en esta ocasión de lo que  había sido tras la muerte de Sybil precisamente porque, como Freud señala, su conciencia moral actúa más severamente cuando los planes del protagonista no siguen el transcurso previsto: “Otro hecho del terreno de la ética […] mientras la suerte sonríe al hombre, su conciencia moral es indulgente y concede grandes libertades al yo; en cambio, cuando la desgracia le golpea, hace examen de conciencia, reconoce sus pecados, eleva las exigencias de su conciencia moral, se impone privaciones y se castiga con penitencias” Basil representa el super-yo freudiano por sus múltiples intentos de hacer consciente a Dorian Gray de qué es lo bueno y qué es lo malo socialmente. Poco antes de su muerte, el pintor acude a la casa de Dorian Gray para advertirle acerca de las sospechas que envuelven su figura y que se escuchan en la sociedad. Basil le insinúa que los rumores confirman que aquellas personas que se reúnen con el protagonista, acaban en la desgracia: “One has a right to judge of a man by the effect he has over his friends. Yours seem to lose all sense of honour, of goodness, of purity. You have filled them with a madness for pleasure. They have gone down into the depths. You led them there” Sin embargo, Dorian Gray nuevamente se defiende acusando a la sociedad en la que vive, así comoa su conciencia moral. El protagonista se rebela, pues, contra la cultura que intenta suprimir constantemente su libertad a través de la mala conciencia. Ahora bien, como se ha visto en apartados anteriores, Dorian Gray malinterpreta la libertad de la que disponía antes de la aparición del super-yo matando al pintor para que su secreto no sea desvelado.

Tras estas tomas de conciencia, Dorian Gray experimenta el remordimiento de la conciencia, mas decide olvidarlo y culpar, en su lugar, a sus víctimas: “Ah! for that there was no atonement; but though forgiveness was impossible, forgetfulness was possible still, and he was determined to forget, to stamp the thing out, to crush it as one would crush the adder that had stung one” Sin embargo, tras eliminar el cuerpo del pintor, vuelve a encontrarse con Adrian Singleton, a quien su influencia le arrojó al mundo de las drogas y James Vane, quien volvió para vengar la muerte de Sybil. En este último caso, Dorian Gray consigue evitar la muerte, puesto que consigue convencer a James Vane que él no pudo estar involucrado en el asesinato de su hermana por haber sucedido tantos años atrás. Todos estos reencuentros desencadenan los remordimientos y las angustias del joven, cuyo super-yo se apodera de su imaginación: “But perhaps it had been only his fancy that had called vengeance out of the night and set the hideous shapes of punishment before him […] It was the imagination that set remorse to dog the feet of sin. It was the imagination that made each crime bear its misshapen brood” El pecado que inquieta al protagonista se introduce en la cultura por medio de la religión, del modo en que sostiene Freud, de suerte que esta pueda ser útil a la conciencia moral: “las religiones, por lo menos, jamás han dejado de reconocer el sentimiento de culpabilidad para la cultura, denominándolo “pecado” y pretendiendo librar de él a la humanidad”  Dorian Gray intenta deshacerse de esta conciencia pero las consecuencias de sus pecados se hacen para él cada vez más presentes al final de la novela. Por ejemplo, Alan Campbell se quita la vida después de ayudarle a deshacerse del cuerpo de Basil, pues ya no puede seguir viviendo con el pecado y soportar la carga de culpabilidad. Dorian Gray es consciente de que el suicidio de Alan es consecuencia de su amenaza. La joven Hetty acaba abandonada por el protagonista, no sin haberla deshonrado antes.

Acerca del origen del sentimiento de culpabilidad Freud afirma:

“Conocemos dos orígenes del sentimiento de culpabilidad: uno es el miedo a la autoridad; segundo, más reciente, es el temor al super-yo. El primero obliga a renunciar a la satisfacción de los instintos; el segundo impulsa, además, al castigo, dado que no es posible ocultar ante el super-yo la persistencia de los deseos prohibidos”

De acuerdo con estos dos orígenes freudianos se podría afirmar que el remordimiento en Dorian Gray se ve influido por estas dos causas. El miedo a la autoridad aparece en el momento en el que el joven se ve involucrado en varios crímenes: la muerte de Basil, el suicidio de Sybil y el suicidio de Alan Campbell, que está provocado por su implicación en la muerte del pintor. Se considera que los dos suicidios han sido influenciados por Dorian Gray: en cuanto al primero, se puede percibir en la conversación entre el protagonista y el hermano de Sybil cuando este acusa a Dorian Gray y en el segundo, aunque Dorian Gray nunca reconoce su involucramiento en el suicidio de Alan Campbell, se puede decir que este haya sido fruto de la amenaza del protagonista. No obstante, este miedo, tal como defiende Freud, puede desaparecer en el momento en el que el individuo se arrepiente de sus actos e intenta mejorar. Dorian Gray resuelve esta fase arrepintiéndose en un primer momento para  después relegarlo al olvido, como él mismo afirma: “It was better not to think of the past […] James Vane was hidden in a nameless grave in Selby churchyard. Alan Campbell had shot himself one night in his laboratory, but had not revealed the secret that he had been forced to know. The excitement, such as it was, over Basil Hallward’s disappearance would soon pass away”

El miedo de Dorian Gray al super-yo le sigue atormentando a lo largo de la obra y en algunas ocasiones, esta angustia consigue hacerle meditar acerca de sus instintos, de manera que Dorian Gray intentará anular su conciencia moral. Un claro ejemplo aparece en las últimas líneas de la novela cuando el protagonista reflexiona sobre la muerte de Alan Campbell. El joven resuelve el caso defendiendo su inocencia a pesar de las amenazas a las que sometió a su viejo amigo Alan: “As for Alan Campbell, his suicide had been his own act. He had chosen to do it. It was nothing to him” No obstante, este miedo no se debe a la inmoralidad de sus actos, sino más bien a que dichos actos proyectan la crueldad en el retrato y hacen que su alma sea fea. Es por ello porque Dorian Gray decide destruir el retrato. Dorian Gray no se arrepiente de sus actos sino de que estos hacen que su alma sea fea. Al final del libro, el joven decide que no va confesar sus actos. No se trata, pues, de un arrepentimiento ético, sino que el protagonista quiere tener estéticamente un alma bella. De modo que, no acepta su destino final y destruye el cuadro para borrar las huellas de sus actos y la fealdad de su alma. Ya lo había anunciado al principio de la obra cuando aún no estaba inmerso en el hedonismo: “Youth is the only thing worth having. When I find that I am growing old, I shall kill myself” Por lo tanto, el papel de la mala conciencia se basa en hacer consciente a Dorian Gray de que sus actos son inmorales. No obstante, en última instancia, decide deshacerse del cuadro porque este refleja las consecuencias de sus actos. Además el protagonista juzga sus actos según criterios estéticos durante toda la novela. El protagonista valora su vida estéticamente y no éticamente de modo que considera que la estética está por encima de la ética. A través de este hecho, es decir, la intolerancia ante la fealdad de su alma, se puede afirmar que Dorian Gray no acepta el cambio en su estética. Dorian Gray no se arrepiente de sus actos, pero tampoco soporta las consecuencias de estos. Ya desde el comienzo de la obra se puede percibir este dato debido a su deseo de ser joven eternamente. Se trata de un fracaso del ultrahombre, puesto que el joven pretende detener la vida en un cuadro, de modo que el paso del tiempo no le afecte al igual que tampoco sus actos.

 

 

 

 

 

 

 

 

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