Modo día

 

Remake del ‘thriller’ noruego “Uno tras otro” (2014) del director Hans Petter Moland, que se hace cargo ahora con profesionalidad e inteligencia, de esta entrega realizada en norteamérica.

En la historia Nels Coxmann es un hombre taciturno que trabaja de quitanieves en una estación de esquí. Al poco de ser nombrado Ciudadano del Año en Kehoe, Colorado, su hijo muere supuestamente por sobredosis. Pero Nels no lo cree y descubre que ha sido asesinado por una banda de narcotraficantes. En este punto deja su trabajo y se convierte en un justiciero acompañado de su maquinaria pesada.

Con un guión aceptable y fluido de Frank Baldwin, esta cinta es lo que es: acción, venganza, disparos y la máquina poderosa quitanieves jugando su papel en la historia. Tiene además, un humor ingenioso y astuto en dosis adecuadas, tal el caso de los bodycount”, típico de la comedia negra, que va presentando los crucifijos con los nombres en fondo negro de los ‘malvados’ que Neeson va liquidando; igualmente la comicidad del Jefe indio entusiasmado por la maquinaria de Neeson; o los ‘gags’ del hijo del mafioso, etc. Son recursos para dulcificar una matanza en toda regla que, empero, no resulta en exceso cruda.

Moland se centra mucho en el ritmo trepidante de la narración y el excelente trabajo de montaje. Pero se olvida un tanto de los encuadres y los contenidos del plano, a la vez que los aspectos estéticos quedan sencillamente esbozados, pero la tensión de las secuencias es mayúscula. Moland hace uso de los tópicos del ‘thriller’ de venganza, lo que deviene especie de parodia del género, por el sarcasmo y el humor ‘negro’ con que los acompaña.

 

El reparto es sobre todo un Liam Neeson enorme que ha encontrado acomodo en los últimos años en el género acción y lo hace con absoluta credibilidad, a pesar de sus sesenta y siete años, lo cual no le impide atizarle fuerte a los más jovenzuelos de la función. El resto de actores es irregular, destacando Emmy Rossum y John Doman, que interpretan a los policías locales de manera alegre y convincente. Los protagonistas indios tienen también su impacto en la pantalla. Sin olvidar al cínico y asqueroso villano que interpreta Tom Bateman de manera exagerada y kitsch.

En suma, película ‘gran menú’ que ofrece un poco de todo: violencia, drama psicológico, intriga, humor, excelente interpretación de un Neeson en plenitud, e incluso incorrección política.

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